La enfermera y dirigente del MST pidió declarar de necesidad pública “toda la capacidad instalada que tienen los sectores privados para que nadie pierda su puesto de trabajo, es la única forma de encarar seriamente la respuesta a la pandemia”.

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Vilma Ana Ripoll es una enfermera universitaria y política argentina. Licenciada en enfermería por la Universidad Nacional de Rosario, trabaja como enfermera de terapia intensiva en la Unidad Coronaria del Hospital Italiano de Buenos Aires. Como pocos, conoce desde adentro la situación del sistema de la salud pública y desde ese lugar exige que “hay que nacionalizar el sistema de salud y hacerlo estatal, gratuito e igualitario”.

“Entendemos que para resolver el problema de la pandemia y que no se desborde el sistema de salud, es centralizarlo y hacerlo único”, explicó.

“Las obras sociales y el sector privado hacen su negocio sin coordinación de ningún tipo y el público está desfinanciado”, sostuvo.

A través de una carta abierta, desde el Movimiento Socialista de los Trabajadores y los profesionales sanitarios exigen por un Sistema Único de Salud:

La humanidad se enfrenta a una pandemia que se extiende con horizonte todavía incierto. En la Argentina se empiezan a acelerar y multiplicar los casos. Todavía no hemos empezado a transitar lo más agudo de esta crisis. Es por eso que aún estamos a tiempo de articular los cambios necesarios para responder de la mejor manera.

En nuestro país existe un sistema de salud tripartito, que es descoordinado, anárquico y con tendencias excluyentes. Las políticas de ajuste de las últimas décadas vienen debilitando el sector público de salud en beneficio del sector privado. Nos dicen que la salud debe primar sobre la economía, pero los hechos muestran lo opuesto.

El sistema público, además del creciente desfinanciamiento, también sufrió la fragmentación a partir de la provincialización y municipalización de hospitales y centros de salud, incrementando la desigualdad y la falta de políticas centralizadas. Y la desjerarquización del equipo de salud, con salarios devaluados y condiciones laborales de alta exposición al riesgo.

El sector de obras sociales está quebrado, con prestaciones cada vez más deficientes y aranceladas con coseguros, transformándose en un botín de negociación entre los gobiernos y la burocracia sindical, con la plata de los trabajadores. Esta situación hace que un trabajador además de los aportes por obra social, los impuestos que de manera indirecta financian el sistema público deba tener que hacer un tercer desembolso para poder recibir atención sanitaria.

La situación del sistema privado es la opuesta. En muchos casos recibe subsidios directos, también se beneficia de la formación académica en el sector público de profesionales y técnicos de la salud. Y además usufructúa la atención de las obras sociales que tercerizan su servicio en éste. En las últimas décadas constituyen uno de los sectores que más ganancia obtuvieron. Sin embargo, en los primeros momentos de la crisis sanitaria exigieron subsidios al Estado para seguir reteniendo su tasa de ganancia.

Esta evolución en el sistema tripartido de salud argentino hizo que se fortaleciera el sistema privado en detrimento del resto. Y que el sistema público esté sumido en una profunda crisis, sostenido solo a expensas del esfuerzo, la salud y la lucha de sus trabajadores. (1)

La necesidad de revertir esta situación avanzando hacia un sistema único de salud viene siendo necesaria desde ya hace mucho tiempo. Pero hoy, frente a la pandemia, se torna urgente. La necesidad de declarar de utilidad pública la capacidad instalada y todos los recursos del sistema de salud privado, nacionalizarlo y sumarlo a un único sistema estatal, gratuito e igualitario, es vital. Junto a otras medidas como un shock de inversión presupuestaria, necesitamos sumar la infraestructura, el equipamiento y los insumos vitales usufructuados por los privados, para enfrentar la pandemia. (2)

Venimos sosteniendo que con la cuarentena no alcanza. Rechazamos la salida prematura de la misma por presiones de las corporaciones. Y reafirmamos la necesidad de un plan de emergencia que avance hacia un sistema único de salud.

Es por ello que desde un núcleo importante de trabajadores y profesionales de la salud creemos que es hora de tomar estas medidas para priorizar de verdad la salud. El mundo en crisis nos demuestra el fracaso de los sistemas privados y mixtos. Hoy por hoy la unificación del sistema de salud se convierte en una medida elemental para sobrellevar la pandemia. Democráticamente conducido por un comité de crisis integrado por los trabajadores de la salud y sus organizaciones representativas.

Nos encontramos frente a esta disyuntiva: ¿Las ganancias de unos pocos puede ser más importante que la salud de la población?

Todavía estamos a tiempo de enfrentar en mejores condiciones a la pandemia.

El sector público forma el 80% del recurso humano en salud, atiende casi a la mitad de la población y el 80% de las emergencias, pero solo tiene el 2,7% del PBI y representa solo el 28% del “gasto” total en salud.

El 60% de los establecimientos del país son privados y un porcentaje mayor aún de las camas de cuidados intensivos también, así como absorbe. el 57% del recurso humano. Es imperioso sumar la totalidad de estos recursos, que hoy atiende a no más del 10% de la población, a un sistema único estatal para todos.