El entrenador de fútbol de Brown de Adrogué vive en la soledad absoluta dentro de la institución de la localidad del sur del conurbano, en un departamento ubicado dentro del predio del club. Vicó relató como pasa sus días en cuarentena dentro de las instalaciones del equipo de su vida. Una historia que emociona hasta las lágrimas.

Pablo Vicó, con 82 años, se encuentra dentro del grupo de riesgo por coronavirus. Desde el primer día de iniciada la cuarentena en todo el país, el DT de fútbol transita el aislamiento dentro del club Brown de Adrogué. “Yo tengo un departamento monoambiente, pero no podría estar encerrado en ese cuadrado”, explicó el entrenador en una entrevista brindada a AIRE BONAERENSE.

Las circunstancias de la vida lo llevaron a vivir allí adentro, “un lugar amplio” según sus palabras y donde se siente “liberado y con más oxigeno”.

Hoy, pensar en el retorno del fútbol es el motor con el cual todos los días refuerzas sus esperanzas de volver a tener una vida normal, ya que para Vicó “ver el club cerrado, sin partidos, sin jugadores, es triste. Si fuera por mi, quisiera que el fútbol empezara mañana” pero aclaró que “no hay que correr ese riesgo”.

Para pasar el rato, el DT camina, entrena, escribe y mira partidos viejos que los canales de fútbol se atreven a televisar. “Trato de ganar tiempo para llegar cansado a la noche, poner cabeza en la almohada y descansar”.

“Todas las mañana me despierto y pienso que esto es un sueño”, contó angustiado. Vicó sabe y tiene claro que “hay que tomar conciencia para poder salir lo mas rápido posible de esta pandemia que tanto daño esta haciendo en el mundo”, pero le genera “psicósis” mirar todos los días los noticieros que contabilizan innumerables cantidad de muertos. Por ese motivo, prefirió no mirar más canales informativos.

“Lo que está sucediendo es terrible. No puedo creer lo que estoy viviendo, es algo impensado”, sostuvo.

Los portones del “tricolor” están cerrados desde el primer día de la cuarentena y a Pablo le “da temor”, salir a la calle a comprar siquiera. “Ver el club cerrado, sin partidos, sin jugadores es triste. Pero se que tengo que ser fuerte de cabeza para salir de esta situación que estamos viviendo”, expresó.

El miedo se manifiesta debido a una complicación de salud que el DT vivió tras el fallecimiento de su hijo.

El 5 de febrero de 2015 a las 13.10 Cristian Gabriel Vico iba manejando su camioneta Renault Kangoo blanca por el cruce de Retiro y Soler, en el centro de Adrogué, cuando un Peugeot 207 lo chocó de lleno. En el auto iban seis asaltantes que integraban “La banda de Curly”, una organización delictiva que se dedicaba a realizar entraderas y robo de vehículos. Venían de asaltar una vivienda y escapaban a alta velocidad. Cristian, de 40 años, fue trasladado con graves heridas a un hospital de la zona. Y cuatro días más tarde falleció.

La muerte de su hijo repercutió inmediatamente en la salud de Pablo, que sufrió un infarto y estuvo cinco días internado en terapia intensiva.

“Tengo 82 años y no pedo arriar mas de la cuenta. Me tengo que cuidar. Estoy asustado porque la soledad, llegada a una cierta edad, no es linda”, sostuvo.

Además, contó que “si salgo a la calle la gente se me va a amontonar, prefiero resguardarme y sentirme seguro. Por eso camino en el predio, me levanto, desinfecto todo, y trato de pasar el tiempo”.

Lo que más le duele a Vicó es tener que mirar a su hija a través de las rejas del portón que dividen el club de la calle, al momento en el que le lleva la comida. “En ese momento pongo triste. También el hecho de no poder ver a mi nieto”, expresó mientras hablaba y se le caían las lágrimas.

“Ojalá dios sepa salvarnos de esta pandemia”, imploró y agregó: “Espero que los médicos infectólogos le encuentren la vuelta a este guerrero que ni siquiera le conocemos la cara”.

El entrenador, que no puede con su genio, contó que pese a toda esta situación, continua en contacto con los jugadores: “el profe les dio un plan de trabajo que lo están cumpliendo al pie de la letra”.

“Ellos me llaman para ver como estoy, como la estoy llevando. Por suerte tengo un grupo increible y eso es lo que caracteriza a Brown. Me tranquilizan y me dicen ‘ya va a pasar'”.

Pero sostuvo que “hoy para mi el fútbol está en un segundo plano” ya que prefiere priorizar la salud de él y de sus seres queridos.

Contó además que el club se encuentra atravesando una buena situación económica, a diferencia de otros clubes del ascenso: “me saco el sombrero con los dirigentes. Tuve ofrecimientos para irme pero nunca quise hacerlo, siempre prioricé a Brown porque es un club soñado, que no me debe nada. estoy más que agradecido con el presidente y su comisión directiva. No me puedo quejar”, concluyó.