Priscila Aranda se encuentra en la primera linea de batalla. Es enfermera terapista del Hospital Alejandro Korn de Melchor Romero y hace 6 años que cumple esa función en el nosocomio local. En diálogo con AIRE BONAERENSE, contó detalles de cómo realiza su trabajo codo a codo con otros profesionales de la salud.

La enfermedad que produce el coronavirus resulta tan contagiosa que dejamos de saludarnos con beso y hasta tenemos que mantener una distancia de, al menos, un metro con otras personas. Sin embargo, a los enfermeros son los que están más expuestos, ya que les toca la tarea de estar cara a cara con los pacientes para tomarles la temperatura, darles la medicación, revisar la presión o incluso asearlos.

Priscila tiene tan sólo 33 años, pero mucha experiencia. Se desempeña como enfermera en el hospital Alejandro Korn y trabaja 12 horas, noche por medio, con dos guardias y un descanso.

Hospital Alejandro Korn: “Condiciones degradantes incompatibles ...

“Nosotros somos los que estamos más expuestos”, contó y agregó que, al trabajar en el turno noche, “tenemos muchos más ingresos”, no solo de personas sospechosas de coronavirus, sino otras patologías y accidentes. Al ser un hospital interzonal, reciben pacientes de distintas localidades aledañas.

La enfermera contó que “el personal del hospital se manejó desde un primer momento de una manera correcta”. Esto se da gracias a que “cortaron las visitas y no hay circulación de gente que no es del hospital. Los pacientes que tiene que atenderse por guardia, se las recibe en la puerta y se las deriva. Hay mucho cuidado”.

En cuanto al tema de insumos, expresó que “siempre va a faltar en todos los nosocomios y depende mucho de los jefes de cada servicio, y como dispone de esos insumos”.

En el caso del “Alejandro Korn”, aclaró que “tratamos de no gastar de más y usar lo que corresponde. Estamos trabajando con los materiales necesarios y a conciencia”.

Priscila contó que, al principio, debieron implementar los cuidados que requiere el aislamiento respiratorio, ya que se trata de un virus altamente contagioso. Pero lo más difícil, tanto para ella como para sus pares, fue “dejar de compartir entre compañeros. Ya no podemos comer o tomar mates juntos”.

Además, explicó que los cuidados también se llevan a la práctica a la hora de entrar o salir de la jornada laboral: “la ropa de trabajo nos la tenemos que sacar antes de salir, ya que no podemos utilizar el ambo fuera del ámbito laboral”. 

“Siempre tenemos miedo, porque es una enfermedad de la cual no nos podemos confiar. Pero yo, particularmente, trabajo segura porque confío en mis cuidados. Eso está en uno”, sostuvo.

Priscila contó que en el nosocomio donde ella trabaja “tenemos la suerte de que no hubo contagio entre personal. Las personas que están contagiadas, no han tenido contacto con sus propios compañeros y no hubo aislamiento intrahospitalario”.

Además, habló sobre la estigmatización acerca del hospital: “está mal catalogado, porque está ubicado en una zona pobre. Pero en esta situación, estamos bastante bien y nos manejamos de la mejor manera”.

La enfermera no sólo debe luchar contra un virus que no tiene vacuna, sino que además debe pelear contra las ganas de ir a abrazar a su familia: “no puedo ver a mi mamá y eso es lo más difícil”, expresó. “Vivo con mi novio y tengo los mayores cuidados porque es asmático. Por eso no me cuido sólo por mi, sino por el otro”, agregó.

Y dejó un mensaje a la sociedad: “espero que la gente tome conciencia, ya que esto no es una pavada. Les pido que cumplan la cuarentena. Sé que es difícil para la gente que tiene que trabajar para comer, pero los que pueden quedarse en sus casas que lo hagan”.