El empresario a cargo de la inversión fue el empresario Eduardo Costantini fundador del museo. Las obras nuevas corresponden a artistas mexicano/españoles, cubanos, brasileños y argentinos

Al tiempo que la pandemia significó para muchos museos un momento de parálisis y/o restricción en la expansión de su inventario de obras, para el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba) se abrieron puertas. El empresario Eduardo Costantini fue quien estuvo detrás de la inversión y quien se encargó de ensanchar su colección. En este marco, hubo una incorporación de 21 obras de artistas latinoamericanos con un costo de 25 millones de dólares.

Remontándonos al pasado, Costantini logró reunir con subastas de por medio, las obras maestras que luego donó para la fundación del Malba, y hoy son una marca del museo como las pinturas de Frida Khalo, Diego Rivera, Xul Solar, Tarsila do Amaral y Antonio Berni, entre muchos otros. Asimismo, ocurrió con cuatro de las veintiún obras actualmente adquiridas; La primera, “Omi Obini” (1943), del artista cubano Wifredo Lam y la segunda, “Armonía (Autorretrato sugerente)” (1956), de la española exiliada en México, Remedios Varo. La tercera, “Autorretrato” (1951) de la poeta y pintora surrealista Alice Rahon y “Paisaje cubano” (1943) de Mario Carreño, fue la cuarta.

Al respecto y a través de un comunicado Costantini señaló que “es muy difícil que aparezcan en el mercado este tipo de obras superlativas y cuando lo hacen, intento comprarlas porque pueden pasar cincuenta años hasta volver a verlas”. Además, añadió: “Con foco en el arte moderno latinoamericano, mi objetivo siempre fue reunir las mejores piezas del mejor período de los artistas centrales de la región”.

En cuanto a la proveniencia de las obras, son consecuencia de búsqueda y estudio sistemático y de múltiples procedencias, entre ellas, subastas, galerías, colecciones privadas y de los propios artistas y sus familiares. Sin embargo, la mayoría de estas adquisiciones estaban en colecciones privadas, fuera del circuito y no se exhibían públicamente desde hace más de 30 años. Por lo que, a partir de esta incorporación se abre la posibilidad de exhibir estas obras en Buenos Aires además de concretar préstamos a otras instituciones internacionales.

Costantini lleva una ardua política coleccionismo que tiene alineación con un proyecto de inversión social como lo es el Malba. Museo que actualmente demandó un presupuesto de más de U$S 300 millones y que cuenta con un compromiso a largo plazo que transformó la vida cultural de Buenos Aires y el próximo 21 de septiembre celebra sus 20 años.

En lo que respecta al resto de las pinturas, llegaron otras que también engrosarán el patrimonio artístico del fundador del Malba, estas centradas en la modernidad brasileña: la pintura “Urso” (1925) de Vicente do Rego Monteiro y la escultura “Tocadora de banjo” (1925), de Victor Brecheret. De formas sintéticas, Urso de Rego Monteiro muestra tanto el “estado de espíritu nacional” como el impulso hacia el “arte nuevo”.

También de Brasil se destacan entre las últimas adquisiciones piezas de Rubens Gerchman, “Elevador social” (1966), y de Antonio Dias, “Maquete para o meu espelho” 1964) y tres obras del poeta concreto Augusto de Campos: “Ojo por ojo”, “SS” y “El anti-ruido” creadas en 1964 y parte de la serie de los popcretos (1964-65).

Alejandro Otero es otra de las figuras que se suma a la Colección Costantini con dos obras de su serie “Coloritmos”, realizada entre 1955 y 1966, en tanto que completa el grupo de estas adquisiciones, piezas de Alipio Jaramillo, Carlos Mérida, Rafael Barradas -con la obra “Café” (1918) que formará parte de la exposición “Hombre flecha” a inaugurarse el 21 de septiembre en Malba-, además de los argentinos Aída Carballo, “El eros cultural” (1980), y Facundo de Zuviría con su icónica “Siesta argentina” (2001-2003), que también es parte de la Colección de MoMA.