La Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación (Agencia I+D+i), financió con 60.000.000 de pesos el desarrollo de la ARGENVAC, la vacuna Argentina contra el COVID-19, realizada en los laboratorios de la Facultad de Ciencias Exactas de la UNLP y en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA.

Estas acciones están enmarcadas dentro de la “Unidad Coronavirus”, integrada por el MINCyT, la Agencia I+D+i y el CONICET, y su financiamiento es a través de fondos del BID y un refuerzo otorgado por la Jefatura de Gabinete de Ministros.

Argenvac es una iniciativa impulsada por la propia comunidad científica de la Universidad Nacional de La Plata, que nació para dar respuestas y hacer frente a la crisis sanitaria desatada en el marco de la mayor pandemia de las últimas décadas.  A partir del trabajo conjunto y colaborativo que llevan adelante los grupos del Instituto de Investigaciones Fisicoquímicas Teóricas y Aplicadas (INIFTA – UNLP/CONICET), del Instituto de Estudios Inmunológicos y Fisiopatológicos (IIFP- UNLP/CONICET/CIC) y del Grupo Anticovid de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA, se puso en marcha el proyecto de diseño y elaboración de una vacuna  de origen nacional.

El nodo UNLP es dirigido por los Doctores Guillermo Docena, del IIFP y Omar Azzaroni, del INIFTA. Además incluye la participación del Doctor Alejandro Aiello del Centro de Investigaciones Cardiovasculares (CIC -UNLP/CONICET) y su grupo.  El trabajo previo del Grupo COVID Exactas permitió incorporar en 2021 a expertos de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI). Para diagramar los esquemas de producción a mayor escala, además, también se incorporaron dos empresas biotecnológicas como son GIHON y Sinergium Biotech. En estos meses de trabajo se fue conformando un consorcio público –privado de grupos complementarios que se articulan entre sí.  El equipo de trabajo ha elaborado un plan de trabajo evaluado realizar todo el proceso que involucra desde generar la vacuna hasta tenerla en un vial con las condiciones adecuadas para ser aplicada en humanos.

Docena es uno de los directores del proyecto y explicó que “esta iniciativa surge de trabajos previos de colaboración del INIFTA y el IIFP desde el 2018, en los que se sumaron capacidades complementarias para el desarrollo y optimización de inmunoterapias para enfermedades inflamatorias y enfermedades infecciosas. En esas investigaciones, el grupo del Doctor Omar Azzaroni aportó un sistema adyuvante basado en la tecnología de nanopartículas, mientras que el grupo que dirijo contribuyó con diferentes sistemas biológicos, diseño de las vacunas, patologías y métodos para evaluar la inmunidad generada por las vacunas”.

En la actualidad el desarrollo se encuentra en la etapa pre-clínica, evaluando la seguridad, inmunogenicidad y eficacia en ratones. Se está optimizando el plan de vacunación de manera de llegar a un plan de vacunación con reacciones adversas mínimas y máxima inmunogenicidad. En estos últimos meses el equipo de investigadores comenzó a interactuar con el ANMAT en aspectos regulatorios y ya se está evaluando el diseño de un ensayo clínico en humanos.

Docena expresó: “Se están ajustando diferentes variables de manera de generar los mecanismos efectores de protección deseados para llegar finalmente a los ensayos de desafío. En ellos se vacunarán los ratones y luego se evaluará si al exponerlos al virus vivo del SARS-CoV-2 los animales se enferman o no. Para esto debemos utilizar ratones especiales, genéticamente modificados y esperamos poder realizar estos ensayos durante el corriente año”.

Sobre el proceso de desarrollo y la tecnología que serán utilizados para la producción de la nueva vacuna con el sello de dos universidades nacionales,  UNLP y UBA, el Doctor Docena describió: “las vacunas contra el COVID-19 conocidas hasta hoy se han diseñado en base a dos tipos de plataformas: las basadas en el empleo de proteínas (proteínas, fracciones de proteínas y virus completo muerto), y las basadas en el empleo de ácidos nucleicos (vectores virales, vacunas a ARN). A modo de ejemplo algunas de estas vacunas son: Sinopharm y Sinovac (virus muerto), Moderna o Pfzier/BioNtech (ARN) y Sputnik V o AstraZenaca/Oxford (vectores virales)”.

“En este proyecto seguiremos la estrategia basada en el empleo de proteínas virales, específicamente fracciones de la proteína S, encapsulas en nanopartículas. La proteína S se encuentra en la cubierta del virus y es la estructura que el virus emplea para poder invadir las células blanco (células del epitelio nasal y pulmonar principalmente). La proteína S se une al receptor de angiotensina 2 o ACE 2 e ingresa a la célula que le permitirá dividirse o multiplicarse para luego invadir otras células”, detalló Docena.

Y añadió: “actualmente estamos estudiando distintos protocolos de administración de la vacuna. Básicamente lo que buscamos, como en la totalidad de las vacunas para COVID-19, es inducir la generación de inmunidad protectiva y generación de anticuerpos específicos de la proteína S para bloquear la entrada del SARS-CoV-2 a las células blanco del organismo. También se busca la producción de linfocitos de memoria para la inmunidad protectora en el tiempo”, concluyó el científico.